Hepatitis.

 Significa inflamación del hígado. Este órgano, situado debajo del pulmón derecho y protegido por las costillas, hace las funciones de laboratorio central del cuerpo, centro depurador de muchas sustancias y fabricante de otras, como factores de la coagulación, y también es pieza fundamental en la digestión de los alimentos (fabricación de la bilis) y especialmente en su asimilación por el organismo, pues todo lo que se absorbe en el intestino, pasa primeramente por el hígado para ser allí tratado.

La inflamación trae como consecuencia que el hígado no pueda realizar a pleno rendimiento sus muchas tareas y esto puede provocar síntomas, que dependerán del grado y tipo de inflamación, aunque no son raras las formas asintomáticas y que sólo se detectan accidentalmente por un análisis de sangre.

En función de la duración de la enfermedad se clasifican en agudas, si duran menos de 6 meses y crónicas, si persisten al cabo de un semestre.

Con gran diferencia, la causa más frecuente de las hepatitis en los niños es infecciosa, es decir, provocada por microbios y, dentro de éstos, los virus se llevan la palma. Gran número de estos gérmenes pueden dar lugar a alteraciones hepáticas transitorias y sin ninguna importancia, durante las infecciones que nos producen y que se manifiestan con síntomas de otro origen, como respiratorios o gastrointestinales, pero los productores más característicos de hepatitis son los llamados virus A, virus B y virus C.

·         La hepatitis A ha sido tradicionalmente en España la hepatitis más frecuente en chavales y adolescentes. Se transmite mediante la ingestión del virus procedente de las heces de otra persona que está infectada (transmisión fecal-oral) y cuando produce síntomas, pues es frecuente pasar la infección sin dar ninguna señal, especialmente en los más pequeños, provoca la clásica ictericia (color amarillo de la piel), con deposiciones pálidas y orinas oscuras, dolor de vientre en la zona del hígado y fiebre. Salvo algunos casos, afortunadamente poco comunes, la enfermedad cura completamente al cabo de una larga temporada (semanas) y no deja ninguna secuela. En la actualidad ha disminuido notablemente la detección de casos de hepatitis A en España, debido fundamentalmente a la mejoría de las condiciones socio-sanitarias e higiénicas de nuestro país.

·         La hepatitis B es un problema muy diferente. Es fundamentalmente una enfermedad de transmisión sexual (venérea), aunque se puede transmitir de madre a hijo en el embarazo o el parto, y también por contacto sangre-sangre. Los síntomas que produce suelen ser menos aparatosos que los de la enfermedad provocada por el virus A, pasando a veces desapercibida, pero, y aquí está lo importante, el virus B tiene tendencia a permanecer dentro del organismo (10%) dando lugar en ocasiones a alteraciones del hígado persistentes (hepatitis crónica) y favoreciendo la aparición de cáncer de hígado. Además, las personas portadoras del virus, aún no teniendo hepatitis en ese momento, son una fuente de contagio para los demás.

·         La hepatitis C se transmite principalmente por contacto sangre-sangre (transfusiones sanguíneas o por compartir jeringuillas entre adictos a drogas administradas por vía intravenosa), pero sólo raramente por vía sexual o por transmisión de madre al feto. No obstante, en la mayor parte de los casos de niños y adolescentes con hepatitis C, no se puede identificar cuál ha sido la forma de contagio. Este tipo de hepatitis vírica se suele hacer crónica (50%), siguiendo frecuentemente un curso en forma de brotes o reactivaciones sucesivas.
·         Otras menos habituales, especialmente en los niños, son la hepatitis D (o delta), de transmisión sanguínea y que sólo afecta a los que ya sufren una hepatitis por virus B, agravando su evolución, y la hepatitis E, que se contagia como la provocada por el virus A (vía fecal-oral) y que no suele cronificarse.

Fuera de las causas infecciosas, es conveniente tener presente que el hígado puede también resultar inflamado por determinados fármacos (hepatitis medicamentosas) o por sustancias como el alcohol (hepatitis tóxicas).

¿Cómo se detecta?

Los síntomas clásicos son: fiebre, ictericia (con orina oscura y heces pálidas), náuseas, dolor abdominal, malestar e inapetencia, a veces también dolores en las articulaciones e incluso erupción en la piel. Pero estas manifestaciones no siempre están presentes, pues, como se comentó, no son raras las formas con pocos síntomas (o ninguno aparente), especialmente en los niños pequeños.

El médico podrá detectar, palpando el abdomen del niño, el posible aumento del tamaño del hígado (hepatomegalia) y a veces también del bazo (esplenomegalia).
La confirmación de si se tiene o no una hepatitis, se realiza por medio del análisis de las transaminasas. Éstas son unas sustancias que cuando aumentan en la sangre por encima de ciertos niveles, indican inflamación activa del hígado, es decir hepatitis, aunque no aclaran la causa.

Para investigar el origen de la enfermedad, en ocasiones habrá que hacer pruebas serológicas (determinación de anticuerpos en sangre) y/o de otros tipos

¿Cómo se trata?

Las hepatitis infecciosas producidas por virus (A, B, C, etc.) no tienen un tratamiento específico eficaz. Los niños se curan "cuando les toca curar". No es preciso, como antaño se recomendaba, mantener reposo en cama durante la enfermedad; será el propio niño o adolescente quien fije, en función de la intensidad de su decaimiento, su grado de actividad. Deben evitarse sustancias que podrían dañar a un hígado inflamado, como ciertos medicamentos (paracetamol) y sustancias como el alcohol, en los adolescentes y adultos. No es tampoco necesario llevar ningún tipo de dieta estricta, y es que además es frecuente la inapetencia, sobre todo al principio de la enfermedad.

¿Cómo prevenirla?

El mejor método para la prevención de la hepatitis A es un adecuado control sanitario (fuentes del agua para consumo y preparación de los alimentos) y la higiene (especialmente el lavado de manos después de cambiar a los niños pequeños en guarderías y escuelas infantiles). Existe una vacuna eficaz comercializada en nuestro país, pero por el momento sólo se indica en casos especiales, como contactos domiciliarios de enfermos, enfermos crónicos del hígado, viajeros a zonas endémicas (niños inmigrantes que vuelven de vacaciones a sus países de origen), etc., si bien en Cataluña, como excepción, se administra de forma rutinaria a todos los adolescentes, junto con la vacuna contra la hepatitis B.

La vacunación universal contra la hepatitis B, implantada desde hace algunos años en España en los lactantes y/o adolescentes, está provocando una disminución drástica en la aparición de nuevos casos. Otra medida de control, implantada también en nuestro territorio, es realizar análisis en el embarazado para detectar a las madres portadoras del virus B y, en este caso, reforzar el tratamiento preventivo del recién nacido administrándole gammaglobulina específica, además de la vacuna.

En el caso de la hepatitis C, no existe por el momento una vacuna eficaz. Las medidas preventivas se circunscriben a evitar el posible contagio, por medio del control de los productos sanguíneos empleados en las transfusiones (como también en los casos de la hepatitis B y el sida) y en recomendar, en los adultos, no compartir nunca jeringas y practicar "sexo seguro". 

¿Cuándo puede ir su hijo a la guardería o al colegio?

Los niños afectados de hepatitis A y con más razón los que necesiten pañales, no deben acudir a la guardería o la escuela hasta una semana después del inicio de la enfermedad, y además se deberá informar rápidamente del diagnóstico, para que se pueda valorar la necesidad de medidas preventivas complementarias para otros niños asistentes al centro y para los cuidadores adultos.

En el caso de las hepatitis B y C, no debe establecerse ningún límite en el acceso a colegios y guarderías, salvo casos excepcionales (conducta anormalmente agresiva -por peligro de mordeduras-, heridas sangrantes, etc.).

Las hepatitis no infecciosas (tóxicas, medicamentosas, etc.) no resultan contagiosas y no precisan, por tanto, de medidas de control relacionadas con la asistencia escuela o el contacto con otras personas.

Fuente: En Familia


Exantema súbito o roseola

¿Qué es?

 

El exantema súbito, también llamado roséola o sexta enfermedad, es una enfermedad aguda y benigna causada por un virus que afecta a niños pequeños (el 90% de los casos se producen antes de los 2 años de vida). Puede producirse en cualquier época del año. Se caracteriza por fiebre elevada, generalmente de aparición brusca, seguida de una erupción en la piel que coincide con la desaparición de la fiebre. Este es un dato muy característico de esta enfermedad.

¿Cuál es el período de incubación?

El período de incubación es de unos 10 días, aproximadamente.

¿Qué lo produce?

El exantema súbito está provocado por el virus herpes humano tipo 6 y, con menor frecuencia, por el tipo 7.

¿Cuáles son los síntomas?

Se caracteriza por fiebre elevada y de aparición brusca. A veces el niño está irritable y puede tener congestión nasal, enrojecimiento faríngeo, de los tímpanos, de las conjuntivas y aumento de tamaño de los ganglios de la nuca. Pese a lo elevado de la temperatura el niño suele encontrarse aceptablemente bien. La fiebre suele desaparecer bruscamente, igual que comenzó, tras 3 o 6 días; en ese momento aparece una erupción en la piel de color rojizo o rosado en el tronco que se puede extender a la cara y, en menor grado, a las extremidades. Suelen ser manchas pequeñas, de 1-3 mm de diámetro, que confluyen. La erupción o exantema dura habitualmente entre 1 y 3 días.

¿Es contagioso?

 

Sí, es contagioso. La principal vía de transmisión es el contacto con las secreciones respiratorias y la saliva, bien de niños con síntomas de infección o bien de personas asintomáticas que eliminan el virus, puesto que el virus persiste en el organismo en forma latente, tras la infección. La respuesta defensiva (inmunológica) que se produce tras una primera infección evita que se repita la enfermedad.

¿Qué complicaciones tiene?

 

Es una enfermedad benigna con muy pocas complicaciones. Cuando aparecen, las más frecuentes son las neurológicas (convulsiones, meningitis, encefalitis) y la trombocitopenia (bajada en el número de plaquetas).

¿Cómo se diagnostica?

 

Principalmente por los síntomas típicos: aparición de manchas por el tronco y las extremidades (exantema) coincidiendo con la desaparición de la fiebre, después de varios días de fiebre alta. En pacientes con disminución de las defensas (inmunodeprimidos), manifestaciones atípicas o con complicaciones puede recurrirse a la determinación de anticuerpos frente al virus en sangre o a la detección del material genético del virus.

¿Cuál es su tratamiento?

 

El tratamiento es sintomático, con antipiréticos y manteniendo una buena hidratación.

¿Cuándo debo consultar?

 

Como se ha comentado, se trata de una enfermedad de curso benigno. Sin embargo, el inicio del cuadro es indistinguible de otras infecciones, por lo que es recomendable seguir las recomendaciones de qué hacer ante un niño con fiebre.

¿Puede acudir a la guardería o al colegio?

 

El niño puede acudir al colegio al finalizar el cuadro, si no tiene fiebre y se encuentra bien.

¿Cómo se puede prevenir?

 

La infección por estos virus está ampliamente extendida en la población y no existe vacuna ni forma de prevenir su propagación. Tener unos buenos hábitos higiénicos, sobre todo lavarse frecuentemente las manos, puede ayudar a evitar el contagio de muchas infecciones como esta.

Fuente: En Familia


Estrabismo


     Es normal que los ojos de un recién nacido se desvíen o se crucen ocasionalmente durante los primeros meses de vida. Pero cuando un bebé tiene entre 4 y 6 meses, por lo general los ojos se enderezan. Si un ojo o ambos siguen desviándose hacia adentro, afuera, arriba o abajo, incluso de manera intermitente, probablemente se deba a una afección denominada estrabismo.

     Si se detecta temprano, el estrabismo es curable mediante una variedad de opciones seguras y efectivas de tratamiento. Pero es importante que los niños sean tratados temprano. Esperar demasiado o pasar por alto por completo el tratamiento puede producir la pérdida permanente de la visión.

Acerca del estrabismo

     El estrabismo es la desalineación o el desvío de uno o ambos ojos hacia adentro (denominado esotropía), hacia afuera (denominado exotropía), hacia arriba (hipertropia) o hacia abajo (hipotropia). La afección puede ser constante o los padres pueden notarla solo ocasionalmente, por ejemplo, cuando el niño está cansado o mirando algo muy de cerca.

     El estrabismo puede estar presente en el nacimiento o desarrollarse en la infancia. En la mayoría de los casos, se desconoce la causa, aunque los niños con antecedentes familiares de estrabismo tienen un mayor riesgo de padecerlo.

     La mayoría de los niños son diagnosticados cuando tienen entre 1 y 4 años de edad. Muy pocas veces un niño puede desarrollar estrabismo por primera vez después de los 6 años de edad. Si esto sucede, es importante que se comunique inmediatamente con su médico, quien luego derivará a su hijo a un oftalmólogo pediatra y posiblemente a un neurólogo para que descarte toda afección subyacente que pueda estar causando el problema.

Cómo afecta la visión

     Cuando los ojos están desalineados, el ojo que está recto o más recto se vuelve dominante. La capacidad de visión (agudeza) del ojo recto permanece normal porque el ojo y su conexión con el cerebro están funcionando como deben. Sin embargo, el ojo desalineado o más débil no enfoca de manera adecuada y su conexión con el cerebro no se forma correctamente.

     Si el estrabismo no se trata, el cerebro eventualmente suprimirá o ignorará la imagen del ojo más débil, lo que causará ambliopía (u "ojo perezoso", cuando un ojo no puede enfocarse en detalles) o pérdida permanente de la visión. La desalineación del ojo por mucho tiempo también puede afectar el desarrollo de la percepción de profundidad (estereopsis) o la capacidad de ver en tres dimensiones.

Signos y síntomas

     La mayoría de los niños con estrabismo no se queja de problemas oculares. Por lo general, es un miembro de la familia o una maestra quien nota una desalineación de los ojos.

Es posible que algunos niños se quejen de visión doble (ver dos objetos cuando hay solo uno a la vista) o tengan problemas para ver cosas en general. Los niños más pequeños que aun no pueden expresar verbalmente sus problemas de visión pueden bizquear con frecuencia y girar o inclinar la cabeza para ver con más claridad.
Si su hijo tiene alguno de estos signos o síntomas, informe a su médico. Si es necesario, el médico puede derivarlo a un oftalmólogo pediatra para la evaluación y el tratamiento adecuados.

Tratamiento

     El tratamiento del estrabismo depende de la causa subyacente y la gravedad de la desalineación del ojo. Por lo general la afección se corrige con anteojos o con cirugía del músculo ocular. En algunos casos, el uso de un parche o gotas para los ojos también puede ser útil.

     La hipermetropía (hiperopía), miopía o el astigmatismo (una forma de visión borrosa) pueden en ocasiones causar ojos cruzados en niños muy pequeños. Estos niños pueden beneficiarse si usan anteojos.

     A un niño que tiene ambliopía y también estrabismo es posible que se le receten parches oculares para usar sobre el ojo recto o no afectado. Estos parches bloquean toda la luz y obligan al ojo desalineado o más débil a hacer el trabajo de "ver". Con el tiempo, el uso constante del parche puede fortalecer la visión en el ojo más débil. En ocasiones puede ayudar a fortalecer el músculo del ojo más débil y recuperar la alineación adecuada.

     Generalmente, los niños deben usar el parche entre 2 y 3 horas por día cuando están despiertos durante varios meses o años, según la gravedad de la afección. En casos más extremos, los parches se deben usar hasta 6 horas o más todos los días.

     Para los padres de bebés y niños pequeños con estrabismo, puede ser todo un desafío lograr el uso de un parche ocular. Pero luego del período inicial de ajuste, la mayoría de los niños se adaptan bien y el parche se vuelve simplemente parte de su rutina diaria, como cepillarse los dientes.

     Sin embargo, es ocasiones el niño se rehusará a usar un parche ocular pese a los mejores esfuerzos de los padres. En estos casos, se pueden usar gotas de atropina en su lugar. De la misma manera que un parche ocular bloquea la visión en el ojo recto o no afectado, las gotas de atropina harán que el ojo recto tenga visión borrosa a transitoria, lo que obligará al ojo desalineado a trabajar más.

Si no se logra la alineación adecuada con anteojos o parche o gotas de atropina, se puede recomendar cirugía del músculo ocular. La cirugía consiste en aflojar o ajustar los músculos que causan el desvío del ojo. Si bien es una medida invasiva, la cirugía se considera segura y efectiva y por lo general no requiere hospitalización.

Perspectivas

     La corrección del estrabismo infantil depende no solo de la gravedad de la afección, sino también de la rapidez con la que se haya detectado y tratado.

     Los niños alcanzan la madurez visual completa alrededor de los 8 años de edad. Durante estos primeros años de desarrollo se forman las conexiones vitales entre los ojos y el cerebro. Por lo que la intervención temprana es fundamental. Mientras antes se diagnostique y trate el estrabismo, más serán las posibilidades del niño de tener los ojos rectos y desarrollar una buena visión y la percepción de profundidad adecuada. Sin embargo, los estudios demuestran que los niños más grandes y adolescentes e incluso muchos adultos con estrabismo igual podrían beneficiarse del tratamiento.

     Tampoco se debe pasar por alto el aspecto social del estrabismo. Unos ojos correctamente alineados son importantes para una imagen propia saludable y buenas relaciones interpersonales en niños y en adultos.

     Afortunadamente, cuando el estrabismo se reconoce y se trata de manera efectiva, se puede curar y así evitar la pérdida permanente de la visión.

Revisado por: Jonathan H. Salvin, MD
Fecha de revisión: octubre de 2013


Enfermedad de reflujo gastroesofágico (erge)


 En un momento u otro, muchos adultos han experimentado acidez y una sensación de malestar en el pecho después de comer una gran cantidad de comida o alimentos muy condimentados.
Cuando estos síntomas son frecuentes o no pueden atribuirse a determinados ingredientes, pueden ser por causa de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

  Pero ERGE no es solamente un problema de los adultos, también afecta a los niños. En los lactantes, puede causar vómitos y molestias después de comer. En niños mayores y adolescentes, la ERGE puede generar acidez y malestar en el estómago y el pecho.
La mayoría de los niños se curan solos, pero algunos necesitan tratamiento.

Acerca de la ERGE

     Los eructos, la acidez y las regurgitaciones asociados con la ERGE son consecuencia del contenido estomacal ácido que regresa al esófago (lo que se llama reflujo). Esto puede suceder porque el músculo que conecta el esófago con el estómago (el esfínter esofágico) se relaja en el momento incorrecto o no se cierra bien.
Muchas personas tienen reflujo habitualmente y esto no suele ser una causa de preocupación. Sin embargo, con la ERGE, el reflujo se produce más seguido y causa un malestar evidente. Después de casi todas las comidas, la ERGE causa acidez, también conocida como indigestión ácida, que se parece a una sensación de ardor en el pecho, el cuello y la garganta.

     En los bebés con ERGE, la leche materna o la fórmula láctea suele regresar como un reflujo hacia el esófago y a veces salirse de la boca. En ocasiones, los bebés regurgitan enérgicamente o tienen "eructos húmedos".

     La mayoría de los bebés se curan de la ERGE cuando tienen entre 1 y 2 años de edad. Pero, en algunos casos, los síntomas de la ERGE persisten. Los niños con afecciones neurológicas o del desarrollo, como parálisis cerebral, corren mayor riesgo de sufrir ERGE y pueden tener síntomas más graves y duraderos.

Síntomas de la ERGE

     La acidez es el síntoma más frecuente de la ERGE en niños y adolescentes. Puede durar hasta 2 horas y tiende a empeorar después de las comidas. En los lactantes y los niños pequeños, la ERGE puede causar problemas durante y después de la alimentación, que incluyen: Vómitos o regurgitación frecuentes, en especial después de las comidas atragantamiento o sibilancia si el contenido del reflujo entra en la tráquea y los pulmones. Eructos húmedos o hipo húmedo, regurgitación que continúa después del primer año de vida (cuando habitualmente se detiene en la mayoría de los bebés) ,irritabilidad o llanto inconsolable después de comer,
negativa a comer (no comer en absoluto o comer cantidades limitadas), el hecho de no aumentar de peso.

Estos síntomas pueden empeorar si se acuesta al bebé o se lo coloca en el asiento para bebés del coche después de alimentarlo.

Complicaciones de la ERGE

     Algunos niños sufren complicaciones de la ERGE. El reflujo constante del ácido estomacal puede causar: problemas respiratorios (si el contenido del estómago ingresa en la tráquea, los pulmones o la nariz), enrojecimiento e irritación en el esófago (una afección llamada esofagitis), sangrado del esófago, tejido cicatricial en el esófago, que puede dificultar la acción de tragar.

Debido a que estas complicaciones ocasionan dolor al comer, la ERGE puede interferir en la nutrición adecuada. De modo que, si su hijo no aumenta de peso según lo previsto o está adelgazando, es importante que hable con su médico.

Diagnóstico de la ERGE

     En los niños mayores, los médicos habitualmente pueden diagnosticar la ERGE al hacer un examen físico y escuchar cuáles son los síntomas. Intente hacer un seguimiento de los alimentos que parecen provocar síntomas en su hijo, esta información puede ayudar al médico a determinar lo que está causando el problema.

En los bebés y los niños más pequeños, los médicos podrían hacer estas pruebas para diagnosticar la ERGE o descartar otros problemas:

Contraste de bario. Esta radiografía especial puede mostrar el reflujo de líquido hacia el esófago, cualquier irritación en el esófago y las anormalidades en la parte superior del tubo digestivo. Para la prueba, el niño debe tragar una pequeña cantidad de un líquido calcáreo (bario). Este líquido aparece en la radiografía y muestra lo que sucede al tragar.

Estudio con sonda de impedancia de 24 horas. Este estudio se considera la manera más precisa de detectar reflujo y la cantidad de episodios de reflujo. Se introduce una sonda delgada y flexible en la nariz, hasta el esófago. La punta se apoya justo sobre el esfínter esofágico para controlar los niveles de ácidos en el esófago y para detectar toda presencia de reflujo.

Escintigrafía gastroesofágica. Esta serie de radiografías examina el recorrido de un líquido especial a medida que el niño lo traga. Los estudios pueden mostrar si el estómago elimina los líquidos lentamente y si los pulmones inhalan el líquido del reflujo.

Endoscopía superior. En esta prueba, los médicos observan directamente el esófago, el estómago y una parte de los intestinos delgados mediante una cámara diminuta de fibra óptica. Durante el procedimiento, los médicos también pueden extraer una biopsia o una pequeña muestra del revestimiento del esófago para descartar otros problemas y determinar si la ERGE está causando otras complicaciones.

Tratamiento de la ERGE

     El tratamiento de la ERGE depende del tipo y la gravedad de los síntomas. En el caso de los bebés, para reducir el reflujo, los médicos a veces recomiendan espesar levemente la leche materna o la fórmula láctea con cereal de arroz. También puede ser útil asegurarse de que el bebé esté en posición vertical (sentado o erguido) durante la alimentación.

Los niños mayores a menudo se sienten mejor si evitan alimentos y bebidas que parecen desencadenar los síntomas de la ERGE, entre los que se incluyen:

     - Frutas cítricas
     - Chocolate
     - Alimentos con cafeína
     - Alimentos grasos y fritos
     - Ajo y cebollas
     - Alimentos muy condimentados
     - Alimentos y salsas a base de tomate
     - Menta

     Los médicos pueden recomendar levantar la cabecera de la cama de 15 a 20 cm (6 a 8 pulgadas) para minimizar el reflujo que se produce durante la noche. También pueden intentar abordar otras afecciones que pueden contribuir con los síntomas de las ERGE, que incluyen la obesidad y el uso de determinados medicamentos, y para los adolescentes, el hábito de fumar y el consumo de alcohol.
Si estas medidas no ayudan a aliviar los síntomas, el médico también puede recetar medicamentos, como bloqueadores H2, que pueden ayudar a bloquear la producción de ácido estomacal, o inhibidores de la bomba de protones, que reducen la cantidad de ácido que produce el estómago.

Los medicamentos denominados procinéticos, por lo general, se utilizan para reducir la cantidad de episodios de reflujo al ayudar a que el músculo del esfínter esofágico funcione mejor y a que el estómago se vacíe más rápido.

En casos poco frecuentes, cuando el tratamiento médico individual no ayuda y el niño no crece o tiene otras complicaciones, una opción puede ser realizar un procedimiento quirúrgico llamado fundoplicatura. Esto conlleva a crear una válvula en la parte superior del estómago envolviendo una parte del estómago alrededor del esófago.

¿Cuándo llamar al médico?

     Si su hijo está padeciendo síntomas de ERGE, hable con su médico. Con el diagnóstico y el tratamiento adecuados, los niños pueden mejorar y evitar problemas de salud a más largo plazo.

Revisado por: J. Fernando del Rosario, MD
Fecha de revisión: enero de 2015


El acné.

       Si eres casi un adolescente, es muy posible que tengas un poco de acné. Aproximadamente ocho de cada 10 preadolescentes y adolescentes tienen acné, al igual que muchos adultos. De hecho, casi 17 millones de personas en los Estados Unidos tienen acné. El acné es algo tan común, que tenerlo se considera parte normal de la pubertad.
¡Pero el solo hecho de saber esto no sirve cuando al mirarte en el espejo descubres un enorme grano en el mentón! La buena noticia es que informarte sobre el acné y tomar algunas medidas sencillas al respecto puede ayudarte a sentirte mejor.
¿Qué es el acné?

El acné es un trastorno de la piel que se manifiesta mediante diferentes tipos de protuberancias. Éstas incluyen puntos blancos, espinillas, granos y quistes. ¿Qué causa estas molestas protuberancias? La piel está cubierta por pequeños agujeritos llamados folículos pilosos o poros. Los poros contienen glándulas sebáceas (llamadas también glándulas aceitosas) que producen sebo, un aceite que humedece el cabello y la piel.
La mayoría de las veces, estas glándulas producen la cantidad adecuada de sebo y los poros están bien. Pero, a veces, una gran cantidad de sebo, células muertas de la piel y gérmenes llamados bacterias obstruyen los poros, lo cual puede causar acné.
Cuando un poro está obstruido, se cierra y sobresale de la superficie de la piel formando un punto blanco. Si un poro está obstruido pero permanece abierto, la capa superior puede oscurecerse y se produce una espinilla. A veces, las paredes de los poros se quiebran, permitiendo que el sebo, las bacterias y las células muertas de la piel se abran paso por debajo de la piel. Esto produce una pequeña infección de color rojo llamada grano. Los poros obstruidos que se abren a un nivel profundo de la piel pueden provocar infecciones más grandes que reciben el nombre de quistes.

¿Por qué les sale acné a tantos niños?
A muchos niños y adolescentes les sale un tipo de acné que se llama acne vulgaris. Generalmente, aparece en la cara, el cuello, los hombros, la parte superior de la espalda y el pecho. A los adolescentes y niños les sale acné debido al cambio hormonal que ocurre durante la pubertad. A medida que creces y tu cuerpo comienza a desarrollarse, estas hormonas estimulan las glándulas sebáceas para que produzcan más sebo y la actividad de estas glándulas puede ser demasiado intensa. Cuando hay una gran cantidad de sebo, ese aceite obstruye los poros y produce acné.
No importa lo que hayas oído, el acné no aparece por comer comidas grasosas como papas fritas o pizza, ser adicto al chocolate o beber gaseosas. Usar maquillaje tampoco es una de las causas del acné, especialmente si la etiqueta del maquillaje dice "no contiene aceite", "no comedogénico" (lo que significa que no obstruirá los poros), o "no produce acné".
Si tus padres tuvieron acné en la adolescencia, es probable que también tú lo tengas. El estrés puede empeorar el acné ya que cuando estás estresado, tus poros pueden producir más sebo. Afortunadamente, el acné mejora en la mayoría de las personas a partir de los 20 años.
¿Qué puedo hacer para controlar el acné?
Si te preocupa el acné, hay varias medidas que puedes poner en práctica para evitar esos granos:
·         Como ayuda para la acumulación de grasa que puede provocar acné, lávate la cara dos veces al día con agua tibia y un jabón suave o una crema de limpieza para la piel.
·         No te frotes fuertemente la cara. De hecho, restregarte puede empeorar el acné e irritar la piel. Lávate delicadamente con las manos en lugar de usar una toalla.
·         Si usas maquillaje, asegúrate de que en la etiqueta diga "no contiene aceite", "no comedogénico" o "no produce acné".
·         Cuando te laves la cara, dedica suficiente tiempo a quitarte todo el maquillaje.
·         Si usas fijadores en aerosol o gel para el cabello, trata de que al aplicarlos no entren en contacto con la cara, ya que pueden obstruir los poros.
·         Si tienes el cabello largo y te toca la cara, mantenlo alejado del rostro y lávatelo con frecuencia para reducir la acumulación de aceite.
·         Las gorras de béisbol y otros sombreros pueden producir granos a lo largo del cuero cabelludo. Evita su uso si piensas que están empeorando tu acné.
·         Lávate la cara después de hacer ejercicios físicos y sudar mucho.
·         Trata de no tocarte la cara.
·         No te arranques, aprietes o revientes los granitos.
Existen muchas lociones y cremas que se venden en farmacias y ayudan a evitar y aliviar el acné. Puedes probar distintos productos para averiguar cuál funciona mejor. Los productos que contienen peróxido de benzoilo o ácido salicílico por lo general son bastante útiles para el tratamiento del acné. El peróxido de benzoilo elimina las bacterias que pueden provocar acné y el ácido salicílico elimina las espinillas y los puntos blancos.
Cuando uses un producto para el tratamiento del acné, asegúrate de seguir las indicaciones al pie de la letra. No uses más cantidad de la indicada ya que la piel podría ponerse muy roja o secarse demasiado. Además, para cerciorarte de que no eres alérgico al producto, es una buena idea probar sólo una pequeña cantidad la primera vez. Y no te desanimes si no ves los resultados al día siguiente ya que los medicamentos contra el acné pueden tardar un poco en hacer efecto.
¿Y si de todos modos me salen granos?
A algunos niños les saldrán granos muy rara vez; ¡ellos sí que son afortunados! Pero a muchos niños les saldrán algunos granos, incluso si toman las medidas necesarias para prevenir el acné. Esto es completamente normal. De hecho, a algunas chicas que no tienen problemas de acné, les aparece acné unos días antes de tener su período menstrual. Este es un problema común llamado acné premenstrual y se presenta debido a cambios hormonales en el organismo. Los chicos también sufren cambios hormonales y son más propensos a tener graves casos de acné.
Si tienes acné, no querrás que éste empeore. Por eso es muy importante que mantengas las manos alejadas de tus granos. Trata de no tocarlos, apretarlos o pellizcarlos. Si jugueteas con los granos, puedes aumentar la inflamación al querer sacarlos o abrirlos. ¡Además, el aceite de tus manos empeora las cosas! Sin embargo, la peor parte es que sacar los granos podría dejar cicatrices en la cara.
Algunas personas te dirán que, además de reventar los granos, tomar sol te ayudará a combatir el acné. Pero esto no es verdad. Aunque el bronceado solar puede hacer que el acné parezca menos grave al ocultar los granos, no va a ayudar a hacerlos desaparecer. Y de todos modos, tomar demasiado sol no es una buena idea porque hoy te puede quemar la piel pero más adelante puede causar arrugas y cáncer de piel.
Los niños con casos graves de acné pueden obtener ayuda de su médico o dermatólogo (un médico que trata los problemas de la piel). Los médicos pueden recetar medicamentos más potentes que los que puedes comprar en una tienda. Entre los productos recetados para combatir el acné se encuentran cremas más potentes que evitan la aparición de granos o antibióticos que eliminan las bacterias que provocan el acné.
Si tienes acné, ahora ya sabes que existen medidas que puedes poner en práctica para mejorar la condición de la piel. Además, recuerda que no eres el único. Si miras a tu alrededor, verás que a tus amigos y a la mayoría de los niños y adolescentes les pasa lo mismo.


Actualizado y revisado por: Patrice Hyde, MD
Fecha de revisión: junio de 2014